Había deseado abandonarla desde el momento en que desapareció de su vida, pero decidió que sería muy cruel e hipócrita actuar como había actuado ella; así que se quedó, en silencio. Se quedó pero no se calló su opinión ni sus ideales, siempre fue sincera.
Ya que ella había desaparecido tendría la oportunidad de exprimir todo lo que no fue capaz de sacar en su momento.
Y así pasaron días, semanas, meses, hasta un año. Cuando el tiempo sobrepasó el año decidió que era hora de intentar materializar algo que había desaparecido hacía tanto tiempo y, al intentarlo, una pequeña luz volvió a brillar pero ninguna de las dos se atrevió a agrandarla, ya fuera por tiempo o ganas, la pequeña luz siguió brillando en algún lugar, escondida entre los recuerdos de un pasado doloroso.
Siguieron pasando los días, las semanas y los meses, hasta que los actos se convirtieron en consecuencias y esa pequeña luz se apagó, arrasada por un tsunami que no dejaría nada a su paso.
El tsunami limpió heridas, cerró las pequeñas brechas que había en la tierra, selló las cicatrices que llevaban tanto tiempo amenazando con volver a abrirse. Llegó hasta la pequeña luz y sin ningún tipo de resistencia ésta se apagó, dejando un fino hilo de humo.
Así que ya veis; una historia de abandono, de tiempo y al final, de destrucción, en este pequeño fragmento que nada tiene que envidiar a los grandes textos que en otros tiempos estuvieron en la fila de este perdido y olvidado blog.
«La desdicha es muy variada. La desgracia cunde con las más diversas formas en la tierra. Desplegada por el ancho horizonte, como el arco iris, sus colores son tan variados como los de éste, a la vez tan distintos y tan íntimamente unidos». — E. A. Poe (1809 - 1849)
